“Los seres humanos, surgimos del amor.
Los seres humanos somos adictos al amor y dependemos de el para encontrar la armonía biológica de nuestro vivir cotidiano, su carencia acarrea trastornos emocionales y problemas de aprendizaje". (Humberto Maturana)
Es posible diseñar, planificar desde el enfoque basado en proyectos didácticos la visibilidad de una temática que si bien transversal, suele aparecer invisibilizada en nuestras planificaciones o diseños curriculares, aunque sí abordadas desde lo cotidiano.
Hoy contamos con un Marco Curricular pensado exclusivamente para la educación y atención en la primera infancia.
Encontramos en dicha propuesta una excelente referencia y aporte para generar proyectos didácticos que promuevan las competencias emocionales.
He aquí el desafío propuesto para los docentes y que juntos recorreremos a través de las siguientes líneas.
Desde la neurociencia se han venido desarrollando interesantes investigaciones con respecto al aprendizaje, que nos han aportado elementos fundamentales para comprender las transformaciones que se generan en el cerebro cuando aprendemos.
Durante los procesos de aprendizaje se generan redes neuronales producto de la conexión entre neuronas que son motivadas por emociones.
De esta manera y en concordancia con los postulados de Vigotsky (1979), todos nuestros pensamientos están sustentados en emociones, siendo la dimensión afectiva el punto de partida para el logro de aprendizajes efectivos.
¿Cuándo aprendemos?
¿Cuando memorizamos, repetimos, tomamos apuntes de lo dicho por el profesor y que luego servirán de respuesta a algún examen?
No. Hay aprendizaje cuando nos emocionamos, cuando lo que aprendemos está sostenido sobre una base de afectividad.
Apostar a un aprendizaje promovido desde una base afectiva implicará el reconocimiento de los niños como sujetos de derecho, con sus potencialidades, talentos y diferencias. Debemos trascender la enseñanza centralizada o aquella que tiende a optimizar determinadas áreas del conocimiento en detrimento de otras.
El docente de primera infancia debe pensar el lugar de lo emocional en sus propuestas pedagógicas y la posibilidad de promover las competencias emocionales. Existe una gran relación entre las habilidades sociales y competencias emocionales. Es importante pensar el lugar de las competencias emocionales como elemento esencial para la buena convivencia y la adquisición de nuevos aprendizajes, desde edades tempranas.